martes, 29 de octubre de 2013

Control emocional


Cuando…
…puedo llegar a ser consciente de mí mismo durante esos momentos que se me hacen tan duros emocionalmente hablando (momentos de ansiedad, miedo, angustia, tristeza, llanto… o una combinación de varios de ellos) no solamente observando mi estado de ánimo sino sobre todo A MÍ MISMO EN ÉL.
Cuando…
…puedo llegar a verme entonces como si fuera un mero observador silencioso que estuviera a mi lado, junto a mí…  un observador que me mira con comprensión, pero sin enjuiciarme, ni obligarse (para tratar contraproducentemente de vencer así a mi estado) a tener que adjetivar dichas sensaciones como: positivas, negativas, buenas, malas, normales, raras, ilógicas,… porque no las confunde consigo mismo, con su Ser.
Cuando no…

…me presiono por ello ni a rechazar ni a ignorar el vivir plenamente esos momentos de mi vida, esas emociones, esos pensamientos… y me doy cuenta que dejar fluir mis emociones en mí no significa obligatoriamente exteriorizarlas todo el tiempo ni tan siquiera tener que hacerles caso a cada uno de los pensamientos que las originaron…
Empiezo a sentir…
…una paz interior como nunca antes viví, siento que mi ruido mental se reduce, debido al hecho de haber permitido estar a mis emociones de una manera que nunca habría sospechado que pudiera yo tener el valor de hacer, que pudiera ser saludable para mi cuerpo y mi mente sentirlas de esa forma. No siento la ansiedad y el temor que brotaba antes en mí al pensar que mi labor era tener que controlarlas y maniatarlas en todo momento y situación.
Empiezo a ver que…
…realmente estoy comprendiendo en mí (y no solo sabiendo de una manera teórica o intelectual) que el deseo de mis emociones siempre fue el de FLUIR LIBREMENTE por mi cuerpo. Mis emociones (al igual que mis pensamientos) están en mí, las observo, las escucho atentamente, tomo nota de ellas… pero me acabo de dar cuenta, realmente, de que nunca fueron Yo, tan sólo una parte de mi Ser. Ahora no las personalizo en mí y siento de pronto que mi consciencia acaba de despertar, me siento ser más Yo mismo.
Siento la alegría de…

…darme cuenta de que estoy aprendiendo una habilidad nueva, que nadie me enseñó hasta ahora, quizás porque ninguna de las personas que estuvo a mi alrededor la llegó a conocer. Y sé que conforme vaya pudiendo ponerla en práctica iré aumentando mi confianza, autoestima y tranquilidad; rebajando con ello mi ansiedad, miedo y estrés ante el temor de que se esté aproximando una tormenta emocional.
Compruebo con sorpresa que…
…al dejarlas libres en mí, mis emociones (contrariamente a lo que siempre temí) NO han comenzado a devorarme por dentro, porque al no estarles inyectando ya el sufrimiento que hasta ahora solía añadirles (por mi inconsciencia pasada y falta de comprensión de lo que realmente era mi mundo emocional) se produce una liberación en mí, una relajación, al no sentir ya la necesidad ansiosa de controlarlas a cada momento, al no tener ya miedo a SU libertad.
Entiendo…
…que en el futuro, muchas de las emociones que sentiré seguirán siendo desagradables, algunas continuarán trayéndome dolor, pero será un dolor que ahora sé que es natural y saludable, que me indica que estoy vivo, que muestra que tengo sentimientos, que soy humano; es un DOLOR PURO, al que no le añado ya sufrimiento por mi parte, es un dolor no “sufriente” que me sana porque sencillamente puedo vivirlo, con humildad y naturalidad, vivirlo tal y como ES. Llega, lo atiendo, le escucho y se va, mucho más rápidamente que antes, cuando empezaba a pelearme con él o a ignorarlo en cuanto llegaba.
Y veo que…
…sigo siendo sensible a mis emociones, más que nunca, ellas siguen en mí pero no las molesto, ellas se expresan dentro de mí, surcan mi cuerpo con la libertad que en ningún momento les debí negar. No efectúo ninguna acción mental dirigida a tratar de detenerlas, manipularlas, forzarlas o ignorarlas porque ya no las temo. Me voy dando cuenta de que cada vez sentiré menos angustia y ansiedad por esas situaciones que estimaba tan peligrosas para mí, esos hechos que me hacían sentir COMO SI perdiera el equilibrio.
Y también noto que…
…al contrario de lo que pensaba que sucedería, sigo sintiendo compasión y empatía por los demás, más que nunca. No me he vuelto una persona fría, dura y sin sentimientos, sino un SER HUMANO pleno, mucho más real y genuino de lo que hasta ahora fui, porque ahora me entiendo verdaderamente a mí mismo y estoy en disposición, si se diera el caso, de poder ayudar adecuadamente a otras personas de una manera saludabletanto para ellas como para mí, porque las comprendo al igual que me comprendo a mí mismo, y ellas se van a dar cuenta de ello, a sentirlo así sabrán que las ayudo entendiéndolas y no porque me sienta obligado a tratar de calmarlas movido por la culpa o por mi incomodidad ante sus propios estados emocionales, que tanto me han recordado en muchísimas ocasiones a los míos.
Acabo de aprender a…
…sentirme cómodo en los momentos incómodos, porque ahora sé que esos estados y emociones que clasifiqué como “negativos” o “ilógicos” nunca estuvieron en mi contra, sino que tan sólo trataban de ayudarme a recobrar mi equilibrio psicológico …y lo único que tuve que hacer para verlo es justamente lo que nunca hice, dejarles estar en mí sin confundirme con ellos, tan sólo mirarlos desde la orilla como un observador sereno que presencia un río que fluye.

¿ La Personalidad Puede Cambiar ?

Probablemente esta es una de las preguntas más antiguas que las personas se han planteado. Y durante años los psicólogos han dado la misma respuesta pesimista: la personalidad no cambia.

Esto era cierto hace tres décadas pero en los últimos años una señal de alarma ha hecho que los psicólogos revaloren esta posición. De hecho, se ha apreciado que las personas no dan las mismas respuestas en los cuestionarios de personalidad en diferentes etapas de su vida. Pero… ¿esta es una medida significativa y verídica del cambio de personalidad?

Esta misma pregunta se la plantearon investigadores de la Universidad de Warwick. Ni cortos ni perezosos, se dedicaron a analizar los datos de 8,625 personas. Para ello, se aplicaron cuestionarios a lo largo de dos años. Ya sabemos que es un periodo relativamente corto si lo comparamos con toda una vida pero precisamente por eso, los investigadores estaban interesados en ver si en un periodo de tiempo tan breve, habían ocurrido cambios en su personalidad.

¿Qué encontraron?


Hallaron que, efectivamente, la personalidad de algunas personas había sufrido un cambio durante esos dos años. Y estas transformaciones estaban vinculadas fundamentalmente a cambios en el estado civil, el empleo y el nivel de ingresos económicos.

En otras palabras, cuando cambian las condiciones a nuestro alrededor, sobre todo aquellas que nos resultan más significativas, nuestra personalidad también cambia en aras de adaptarse a nuestro entorno.

Una puntualización imprescindible sobre la inmutabilidad de la personalidad


Este estudio demuestra que nuestra personalidad no es una instancia inmutable sino que puede cambiar a lo largo del tiempo y en dependencia de las transformaciones que sufra nuestro entorno. Eso sí, debemos tener presente que hablar de la personalidad como un gran constructo puede dar lugar a equívocos. Es decir, la personalidad es una gran macrocategoría que incluye desde nuestros pensamientos hasta nuestras emociones, actitudes y formas de comportarnos.

Por ende, en vez de hablar de cambios en la personalidad, en sentido general, lo más correcto sería hacer referencia a ciertas transformaciones que ocurren al interno de esta, debido a las cuales, una persona puede comportarse de forma más o menos extrovertida y ser más o menos abierto a las nuevas experiencias.

Obviamente, el kid de la cuestión radica en que cuando ocurre uno de estos cambios, casi siempre genera una serie de transformaciones en cascada. Porque si aprendemos a ser más abierto ante las nuevas experiencias, casi inevitablemente, estaremos potenciando la extroversión, estaremos asumiendo una actitud más relajada ante la vida, dejaremos de ser tan críticos para con los demás…

Entonces, la respuesta a la pregunta que titula el artículo es que la personalidad puede cambiar pero siempre y cuando se den las condiciones para ello. Además, en ocasiones se trata de cambios pequeños que no generan reacciones en cadenas sino que se circunscriben a determinadas áreas.

jueves, 24 de octubre de 2013

Cómo eliminar el miedo: Siente, observa y reflexiona

Cuando somos pequeños tenemos muchos temores, en gran parte porque el mundo nos parece inmenso y a veces las cosas que no conocemos nos asustan un poco. Cuando vamos tomando conciencia de estos miedos, pensamos que poco a poco irán pasando, que con los años se atenuarán.

Sin embargo, no es así. Muchas de las personas que le tenían miedo a la oscuridad cuando eran niños continúan temiéndole de adultos. Muchas de las niñas que le temían a las ranas continúan manifestando este temor incluso si ya son adultas.

El problema es muy sencillo: la mayoría de los miedos no desaparecen por sí solos, es necesario trabajar sobre su causa. No basta con saber que es un temor irracional, es importante trabajar sobre el miedo. Por eso, te propongo que sigas estos sencillísimos pasos. Antes de comenzar, te aconsejo que te sientes en un lugar tranquilo, donde nadie te pueda molestar.

1. Siente el miedo. Cuando experimentamos temor nuestro primer impulse es el de escapar, queremos que el miedo simplemente desaparezca porque nos hace sentir mal. No obstante, si enfrentamos la sensación de miedo de una vez y por todas, nos daremos cuenta de que no es tan horrible como suponíamos. De hecho, a menudo toda la película que corremos en nuestra imaginación es mucho peor que la realidad.

2. Conviértete en un observador. Imagina que eres otra persona, alguien que no siente ese miedo. Mírate como si fueras otro, ¿qué ves? Si logras ensimismarte en el rol de un observador externo, el miedo desaparecerá por sí solo y te darás cuenta de lo irrisorio de la situación. Finalmente podrás comprender a nivel emocional que se trata de un miedo ilógico, sin ninguna base.

3. Busca las causas del miedo. Aunque probablemente tienes en los labios el sabor de la victoria, debes saber que un miedo que has estado arrastrando durante años no se elimina tan fácilmente. Por eso también es importante que trabajes en las raíces del temor. Excava en tu mente planteándote preguntas como: ¿cuándo fue la primera vez que sentí el miedo? ¿a qué se debió? ¿qué factores han fortalecido el miedo a lo largo del tiempo?

Te asombrará descubrir que los factores que dieron lugar a tu temor ya no existen o no son válidos para tu realidad actual. Sin embargo, en muchas ocasiones, es como si nos olvidásemos de actualizar esa parte de la memoria, que continúa alimentando un miedo del todo injustificado.

Finalmente, vale aclarar que este pequeño y sencillo ejercicio deberás repetirlo varias veces, hasta que sientas realmente que el miedo se ha ido por completo. No te desanimes, recuerda que has pasado años alimentando ese temor y que eliminarlo no será algo que puedes hacer de la noche a la mañana.

¿Protejo o sobreprotejo?

La sobreprotección es muy dañina, es uno de los caminos hacia el apego inseguro. Las conductas sobreprotectoras siempre tienen un subtítulo que es posible de inferir: "El mundo es peligro", y si el mundo es peligroso, que el infante viva en un estado constante de estrés es lo más probable. Cuando años más tarde el niño por primera vez sale de campamento con sus compañeros, (a pesar de la negativa de uno de los padres,) la primera noche afuera tiene un ataque de pánico y debe volver. Entonces el progenitor que no estaba de acuerdo con que saliera, piensa que tenía la razón de no querer dejarlo ir, cuando más que la razón, tiene la responsabilidad de que la identidad de sus hijo tenga la semilla de la inseguridad. La bactería asesina probablemente nunca, a lo largo de toda su vida, se encuentre con tu hijo. (bacteria que para algunas madres está en cada objeto que podría tocar su hijo). Un niño que explora es un niño sano. Un niño que nunca se separa del lado de su madre es un niño con miedo.     Protege a tu hijo no lo sobreprotejas.